Apareciste en mi puerta,
como el que busca
un trozo de pan,
y espera que sea suficiente para acabar
con todo el hambre del mundo.
Me rodeaste
guardando el silencio de una pitón
antes de asfixiarme
sólo para después
tener la oportunidad de ser tú el que me resucite.
guardando el silencio de una pitón
antes de asfixiarme
sólo para después
tener la oportunidad de ser tú el que me resucite.
La violencia de tu lengua
deshaciéndome el orgullo,
la torpeza de tus dedos buscando un resquicio
de mi pelo donde enredarse
antes de que la protección civil
te declare peligroso
por el incendio que provocas en mí.
Me has llamado enfermedad viral
como si ya nos hubiésemos padecido antes
y has confirmado que mis gritos son el efecto placebo,
has alegado allanamiento de sentimientos
y me has vuelto
a dejar
víctima de un naufragio
que giraba sus velas por tu aliento
que ondeaba al viento un pañuelo blanco
como el que pide socorro
viendo en el horizonte un centenar de piratas
y sabe
que ya
está
muerto.

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